manejo del dinero y filiación religiosa

Investigando sobre la relación entre manejo del dinero y filiación religiosa encontré que, en general, para los católicos, la relación es ambivalente, especialmente cuando se la compara con la que tienen los protestantes. Mientras que para estos la Gracias de Dios es un regalo que se manifiesta en la vida terrenal, para aquellos es algo que se decide en el día del juicio final, donde “será más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico por la puerta del cielo”.

Sin embargo, pareciera que el concepto del dinero dentro del Opus Dei es distinto, que no hay problema con la posesión de dinero. ¿Podría explicarme cómo se maneja dentro de La Obra la posesión de riqueza material?
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Tal vez te has querido referir en cómo entiende el Opus Dei la virtud de la pobreza, lo cual tiene que ver con el manejo del dinero o los bienes materiales.

Si es así, me permito comentar que el Opus Dei no tiene una doctrina propia, sino que es la misma de la Iglesia Católica, que es universal. Y lo que enseña la Iglesia respecto a la virtud de la pobreza es que no tiene que ver nada con el tener o no tener posesiones, sino en el uso que se les da y la actitud de fondo con que se utilizan, que debe ser siempre para la gloria y el servicio de Dios y a los demás.

En otras palabras no es pobre de espíritu el que carece de bienes materiales, sino el que vive desprendido de ellos para tener su corazón (sus ambiciones, sus preocupaciones) sólo en Dios. De esta manera, una persona con muchas posesiones o riquezas también puede ser santo, tan santo como un pordiosero, depdendiendo del amor de Dios y servicio al prójimo que puso en esos bienes.

Hay una anécdota que contaba san Josemaría a este respecto. Una vez le tecó observar a niño pobre, que asistía todos los días a un comedor de beneficencia, en donde le daban un poco de comer, pero a diferencia de los demás niños, éste tenía su propia cuchara. Una pobre cuchara de peltre, pero “su” cuchara; la que miraba y lamía antes de guardarla en su bolsa. Ese pobre muchacho estaba apegado a su cuchara. En cambio, por aquella época, san Josemaría también atendía espiritualmente a una mujer de mucho dinero, pero que para ella misma no gastaba nada, y en cambio a su servidumbre no le faltaba nada, y ayudaba a mucha gente. Esa mujer vivía la pobreza.

Lo importante es que lo material no sea nuestro tesoro, porque eso supone poner en ello el corazón (los afectos, la atención, el vivir para eso). Lo dice la Biblia: Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón. Por tanto, nuestro único tesoro, para ricos y pobres, debe ser Dios.

Ojo: una cosa es la pobreza como virtud cristiana, o sea la actitud de desprendimiento (pobreza de espíritu), y otra muy distinta es la pobreza como situación socio-económica, a la que hay que combatir siempre, y es una de las primeras resposabilidades como cristianos. Ayudar a los que están necesitados. No sólo es un deber de caridad, sino de justicia. Y este deber no tiene límites, “a los pobres los tendréis siempre” dice el Señor. Lo que hagamos con las personas que sufren pobreza eso mismo se lo hacemos a Dios.

 

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