Ligeros de equipaje

Hace tres días me llamó mi madre. Estuve con ella el fin de semana pasado y, entre otras cosas, miramos zapatos y bolsos, porque yo necesitaba uno, pero la tienda estaba cerrada. El martes llamaba desde allí, porque ella ya se había comprado los zapatos y quería comprarme el bolso. “No me digas que no”, repetía… así que no me pude negar.
Mi madre sabe que normalmente no me suelo quedar con los regalos que me hacen. Tomé esa decisión hace años porque quería evitar llegar a asfixiarme con las cosas. Para un numerario o numeraria, vivir el desprendimiento de lo material, en plena ciudad, con un trabajo y necesitando medios a diario no es fácil, así que quizá fui un poco drástica en la pobreza, pero no me arrepiento. Por otra parte, muchas veces me da risa cuando me paro a pensar todo lo que habría acumulado en estos años si a todo hubiera dicho que sí: una bici estática, un Nissan Micra con más de quince años, un vespino, un abrigo de piel, un casco compacto, un curso completo audiovisual de francés y de inglés, muchas novelas, varias raquetas, collares, bolsos, y etc. etc. ¿Cómo me metería cada noche en una habitación de 2 x 3? o ¿Cómo me habría organizado los aproximadamente diez cambios de centro que llevo desde que soy del Opus Dei? A estas alturas, casi seguro que habría puesto una empresa de mudanzas…
PD: este bolso sí que lo necesito y me lo quedaré.

copiado de un blog que me gusta: http://www.numerariaopusdei.blogspot.com/

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