Nuestra familia ha pasado por momentos muy difíciles

Mary Bernardette Odero, Nairobi, Kenia

1 de noviembre de 2008

Soy profesora, aunque en la actualidad trabajo como asesora de viajes en una de las principales líneas aéreas de Nairobi. En Kenia, donde incluso las madres con hijos pequeños tienen que trabajar jornada completa para llegar a fin de mes, muchas familias sufren enormemente. No pueden plantearse quedarse en casa para cuidar de los hijos. Nosotros no éramos ajenos a este problema social. En nuestro caso, la solución fue buscar ayuda doméstica y trabajar a jornada completa.

Empecé en el sector de viajes cuando estaba esperando a mi segundo hijo. Mi marido y yo teníamos que organizarnos muy bien para atender a la familia. Como el fundador del Opus Dei decía que no debería pasar ningún día sin una mortificación, nuestra mortificación diaria, con mucho amor, ha consistido en asegurarnos que dedicamos a nuestros hijos todo el tiempo que podemos.

Viajamos mucho juntos en familia. En nuestra época más agitada, cuando los niños tenían entre 4 y 8 años y había que prepararlos para ir al colegio, nunca podíamos rezar las oraciones de la mañana en casa. Mi marido y yo podríamos haberlo hecho levantándonos más temprano, pero queríamos que nuestros hijos conocieran la importancia de la oración, y que había que sacar tiempo para tratar a Dios. Así es que empezamos a rezar en el coche, de camino al trabajo y al colegio. Se convirtió en una tradición, y los niños eran quienes nos recordaban las oraciones y luego las dirigían.

En los últimos 15 años, nuestra familia ha pasado por momentos muy difíciles. Nuestra hija mayor estuvo enferma durante algunos años y eso nos hizo acercarnos más a Nuestra Señora, ayuda de los enfermos. Mi marido perdió su trabajo y hubo muchos más problemas. Gracias al espíritu del Opus Dei, en el que conocimos la filiación divina, hemos aprendido a dejar todo en las manos de nuestro Padre Dios. De esta forma, nuestra familia ha logrado estar tranquila, serena y alegre.

De no ser por san Josemaría, realmente no me puedo imaginar el tipo de vida que estaríamos viviendo ahora.

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