Isidoro Zorzano

Fue uno de los primeros miembros y decidió a entregarse a Dios tras hablar con el fundador, que era viejo amigo suyo. No es lo habitual, pero Dios concede en ocasiones esas gracias excepcionales. Así se lee en una de sus biografías:

“El 24 de agosto de 1930, después de una conversación con san Josemaría en la que Zorzano le confió sus inquietudes espirituales, pidió la admisión al Opus Dei. Como él mismo señalaba, esa entrega significó una nueva era en su vida: “Me encuentro ahora —escribía— completamente confortado; mi espíritu lo encuentro invadido de un bienestar y una paz que no había sentido hasta ahora” ” .

Lo habitual es que las personas tarden algún tiempo -meses, años, a veces décadas- en decidirse, hasta que superan su falta de generosidad o despejan sus dudas o Dios les da la luz que piden: pero cada caso es diferente y no es bueno generalizar. A veces la espera es manifestación de prudencia; otras veces, de falta de generosidad.

Durante ese periodo, rezan, consultan con diversas personas, aclaran sus dudas vocacionales y se plantean, cara al Señor: “Señor, ¿qué deseas que haga con mi vida? ¿Dónde puedo amarte más, donde puedo servirte mejor?”. Y deciden, con generosidad y libertad.

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