“Ojalá tengamos que hacer más procesos como éste”

CLAUSURA DE CONONIZACIÓN DEL SACERDOTE DEL OPUS DEI JOSÉ MARÍA HERNÁNDEZ GARNICA

OBISPO CESAR FRANCO: LA SANTIDAD ES LA CLAVE EN LA IGLESIA

Madrid, 18.- Monseñor César Franco Martínez, obispo auxiliar de Madrid, clausuró la fase diocesana del proceso de canonización del siervo de Dios José María Hernández Garnica (1913-1972), sacerdote de la Prelatura del Opus Dei.

El obispo destacó “la importancia de la santidad en la vida de la Iglesia, que espera santidad como primera aportación de los cristianos”.

César Franco glosó “la fidelidad” y “la unidad” del siervo de Dios para “dedicar su vida a la santificación de muchas personas”, a “propagar el carisma con que el Espíritu Santo ha enriquecido a la Iglesia a través de san Josemaría Escrivá”.

Pidió además que su figura “sea incentivo para nosotros, estímulo para la santidad, como todo cristiano debe ser. Ojalá tengamos que hacer más procesos como éste, que son muestra de la vitalidad de la Iglesia”.

En el acto se cerraron y lacraron las cajas que contienen los más de cinco mil folios con las pruebas documentales y testificales reunidas por el tribunal desde febrero de 2005, y que serán enviadas a la Congregación para las Causas de los Santos para la obtención del decreto de validez del proceso.

Hernández Garnica fue uno de los primeros fieles del Opus Dei, en el que pidió la admisión en 1935. Dedicó su vida a la evangelización a través de esta institución, tanto en España como en Inglaterra, Irlanda, Francia, Austria, Alemania, Suiza, Bélgica y Holanda.

Para el postulador de la Causa, José Carlos Martín de la Hoz, “el haber caminado por caminos tan distintos, en continua adaptación a diversas culturas y ambientes, le hace ser un buen ejemplo para la evangelización de la vieja Europa”.

Hernández Garnica fue uno de los principales colaboradores del fundador san Josemaría Escrivá. Doctor Ingeniero de Minas, en Ciencias Naturales y en Teología, fue uno de los tres primeros fieles del Opus Dei que se ordenaron sacerdotes en 1944, junto con Álvaro del Portillo y José Luis Múzquiz.

Se santificó en sus tareas profesionales y luego en las propias del sacerdote, con gran generosidad: aprendió varios idiomas, se adaptó a diferentes ambientes e hizo frente a incomodidades de todo orden en países en los que comenzaba la labor apostólica del Opus Dei.

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