el rezo de “la Comunión Espiritual”

Artículo escrito por  un supernumerario del Opus Dei de Guatemala

EL VERDADERO ENCUENTRO
12 DE NOVIEMBRE DE 2007

Este inicio de año fue distinto a los anteriores. Iniciaba el mismo con un nuevo puesto en la universidad, con posibilidades de ganar la Presidencia de la Junta Directiva del Colegio de Arquitectos de Guatemala apoyado por un buen número de amigos, sellar mi incorporación como supernumerario a la Obra de Dios (Opus Dei), y el mas especial de todos, caminar junto a nuestra familia para la preparación de la primera comunión de nuestra hija Gabriela María Paniagua Rosales.

En el transcurso del año nos dimos cuenta con Ana Luz, que íbamos a ser tocados para apartarnos de nuestras metas personales y familiares. Nuestro proyecto de vida lo habíamos puesto en las manos de la Santísima Trinidad y de nuestra Madre Santísima. Decidimos ponerles nombre a nuestros Ángeles de la Guarda, porque sabíamos que necesitaríamos un amigo y protección especiales para lo que nos habíamos trazado. Marcela le puso Rafael, Gaby lo llamo Miguelito, Ana Luz: Gabriel y su servidor: Juan Diego.

En febrero, nos estábamos reuniendo los Paniagua Tomé en una sala del hospital militar a eso de las 9:00 de la noche, recuerdo que fue un día martes porque regresaba de mi confesión y de mi círculo semanal. Camino al hospital comprendí que el padre de la mentira nos estaba tocando en donde mas nos duele: la unión familiar. Cuanta fortaleza nos dieron a todos el estar unidos en oración y fue muy duro, ver a Claudia, mi hermana, tirada en una cama, abatida como quien renuncia a seguir luchando. Ella salió adelante y aunque faltan muchas cosas por superar seguimos unidos, en medio de nuestras diferentes visiones de encarar la vida.

El 1 de marzo tomamos posesión en medio de tantos problemas en el Colegio de Arquitectos de Guatemala. Conforme nos fuimos adentrando en la institución nos dimos cuenta que la casa estaba desordenada y que había que dedicarle más tiempo del que imaginábamos. Poco a poco comprendí que el ser honesto y transparente en un país como el nuestro, es un gran delito, cuyo castigo se paga  con enemigos gratuitos. Los grandes mentores y amigos me enseñaron que en estos puestos. En medio de un gremio dividido, de una crisis legal y laboral, con recursos limitados y con una serie de facturas por pagar nos daban la bienvenida a un nuevo desierto, gracias a Dios lo encaramos unidos.  Este proyecto para no ser pesimista, ha ido mejorando poco a poco y gracias a Dios se ha ido saneando la institución, restaurándola y regresandola a sus raíces con que fue fundada.

El 7 de marzo Juanca Asteguieta, mi primo hermano, me llama al celular para informarme que la Abuelita Helen había tenido su encuentro definitivo con Dios. Mientras me dirigía de la universidad a la casa de mis tíos, dentro de mi corazón resonaba una frase que se volvería habitual en el resto de este año y de mi vida: ”Gracias, Dios Mió” Llegue a la casa con mucha paz y en medio del asombro, entro al cuarto de Doña Helen y la veo tendida en su cama con un rosario entre las manos. Cincuenta años de luchar frente a frente contra el asma y no darse por vencida ¿Acaso, tengo excusa para dejarme vencer, después de estos modelos de lucha incansable que he tenido tan cerca de mi mano? Nuestros últimos días fueron de incomprensión con ella,  siempre haciéndole conciencia de que debía comer y salir de la cama, para hacer ejercicio, que caminara y que abriera las ventanas del cuarto para que no se encerrara la humedad. Ella se resistía a seguir las directrices de su nieto mayor. Empiezo a rondar la cama y agradecerle paso a paso todo el amor que puso en su vida para con nosotros. No recuerdo la infinidad de juguetes que me dieron en toda mi vida, llevo cargado en el corazón el cariño y amor sin límites que tanto ella como Chalai, mi abuelo, me brindaron todos los días de mi vida.  La cuaresma se había hecho presente en nuestras vidas este año y de qué manera. Confiado en que pronto llegaría la pascua, me sentía mas unido que nunca a Dios y a nuestra familia. Camino al entierro, mi corazón no dejaba de darle Gracias a Dios por el tiempo que nos la brindó. Sí alguien soñaba con ver a nuestra Gaby vestida de blanco y acompañarla en su primera comunión era ella, la abuelita Helen.

Los problemas no terminaran de presentarse en nuestras vidas y para eso existen: para resolverlos. Nunca me había aferrado a la vida con tanta ilusión como en estos meses, día a día, misa diaria y comunión permanente para ver el momento más sublime que puede observar un padre con su hija: su primera comunión. En medio de una serie de traiciones, inestabilidad en el trabajo y problemas económicos siempre se presentó la providencia divina. Desde antes que estuviera en el vientre de Ana Luz, Gaby asistía con nosotros a misa los días domingos. Espero durante 9 años todos los domingos habidos y por haber, sentada en una banca como un buen soldado, esperando que nosotros regresáramos de comulgar. Que larga espera y cuantos católicos como yo, nos conformamos con una misa a la semana, que desperdicio…..

Recuerdo que a mediados de este año vino de visita Beatriz, hermana de Ana Luz  y Diego, nuestro sobrino de Los Ángeles. Un fin de semana fuimos al puerto y Gaby en medio de su alegría y miedo nos metimos al mar cerca de las cinco de la tarde. Le insistí que no tuviera miedo y que tomara fuertemente mi mano. En una de esas olas con mucha fuerza no aguante sostenerla y la tuve que librar de mi mano. Su mirada traspaso mi corazón y entendí que mi amor no era suficientemente fuerte para sostenerla toda su vida. Pero no por ello debía de claudicar, yo simple padre, de presentarle a quien sería su sostén durante toda su vida: Jesús y nuestra Madre María. Durante todo este año tanto Gaby como Marcela, al concluir la comunión se acercaban a mí y rezábamos, los tres juntos, la oración de la Comunión Espiritual:

“Yo quisiera, recibiros Señor, con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre, con el espíritu y fervor de los santos”

Veo en nuestro vestidor un vestido rosado claro y me imagino a una muñeca vestida de princesa. La ilusión nuestra era la ilusión de nuestro Señor, tener a Gaby más cerca  y más cerca nosotros de Él. Gaby es una niña linda y alegre. Ese 26 de agosto, domingo por cierto, nos preparábamos para el magno evento. Al llegar a misa nos daban la sorpresa que el sacerdote no podía llegar a dar misa, con el rezo del rosario y la confianza puesta en Dios nos pusimos a contactar sacerdotes para que se realizara la primera comunión.

Con cuarenta y cinco minutos de retraso empezó la misa, convencido que una infinidad de ángeles estaban con nosotros ese día y que la abuelita Helen  se estaba gozando la primera comunión de nuestra Gaby.

En estos eventos comunitarios hay que estar detrás de fotógrafos y familiares que, aunque se les pidió su colaboración, no dejaban de estorbar el paso y aprovechaban cualquier momento para tomar una foto. Al recibir la comunión Gaby y sentarse en su asiento, no pude dejar de colocarme en su espalda y rezar juntos esa oración por la que habíamos soportado tanto palo y contradicción durante este año: la Comunión Espiritual. Con mis ojos llenos de lágrimas, aferrado  como un niño a las manos de Ana Luz, pude comprender que había valido la pena  y que, como muchas veces en mi vida,  el Señor había aumentado mi fe.

Al ir a la celebración que de desayuno pasó a ser almuerzo, una gran lluvia  nos purificó durante el camino. Cuanta alegría y cuanto gozo hubo en el cielo, que el baño de nuestra Santísima Madre nos ayudo a comprender que hay que poner todos los medios materiales y terrenales para frecuentar los sacramentos. Ese día fue el cumpleaños de Willy, amigo y hermano nuestro, y padrino de Gaby, quien nos acompaño con sus dos hijas, las cuales pueden observar en una de las dos fotos que acompañan estas líneas. Sólo Dios pudo habernos hecho amigos, sólo nuestra Madre del Cielo sabia el momento en que uniría a dos corazones devotos para el resto de sus vidas. Nuestros compadres y comadres son nuestros ángeles de la guarda hechos carne y hueso. ¡¡Qué regalo!! y al mismo tiempo que milagro, para estar agradecidos con Dios y vivir de rodillas el resto de nuestra existencia.

En la celebración que, confieso: nuestros familiares y amigos se involucraron en todos los detalles posibles, hubo un momento para agradecerles a todos sus oraciones y solidaridad. En los momentos de alegría se olvida tan rápidamente los sin sabores, las penas y las traiciones. Al final del día, nuestro corazón lleno de alegría, concluía en nuestra casa y comprendimos que el verdadero encuentro: es el encuentro con Dios.

Es nuestra tarea de todos los días, con detalles de cariño y oración, poder encontrarnos con nuestro Señor, nuestra Santísima Madre y San José. El encuentro es una actitud de vida, una búsqueda incesante por sentirse resguardado en los brazos del padre, tomar la decisión de ya no seguir cuidando cerdos y regresar a la casa del padre, y sentir el calor de sus besos , el baño que limpia, la dignidad devuelta con la túnica y el anillo nuevos. Puedo confesar que la primera comunión tanto de Marcela como de Gaby fueron unos verdaderos milagros de Dios. He sentido en estos sucesos el calor de la mano de nuestro Señor que nos ha acompañado y guiado. Sin lugar a duda merezco el título de loco, si se puede decir que la locura es un síntoma de los hombres que se sienten Hijos de Dios.

Siempre me resulta poco o nada lo que le devuelvo a nuestro Señor, no se cuantos rosarios y ángelus tendré pendientes para poder pagarle a nuestra Madre del Cielo todos sus favores e intercesiones. Sé que me hacen falta muchas visitas al Santísimo, participar en infinidad de misas, frecuentar la Eucaristía todos los días de mi vida y ayunar. Me encanta estar endeudado de esta manera.

Ayer domingo en la parroquia de Cristo Rey, ubicada en la zona 15 de nuestra ciudad capital, en la larga fila para comulgar se encontraba nuestra familia, éramos cuatro pero también nos acompañaban nuestros ángeles de la guarda, y al hincarnos para dar gracias, nuevamente rezamos la comunión espiritual y aunque no lo crean, al final éramos mas de ocho.

Víctor Leonel Paniagua Tomé
12 de Noviembre de 2007
46vo. aniversario del casamiento de nuestros padres

Una respuesta to “el rezo de “la Comunión Espiritual””

  1. Mochila Says:

    Muchas gracias por su artículo, me encantó…
    Bonitas palabras que me llenan en un momento en el que estoy pidiendo “querer ver” la voluntad de Dios. Semanas de confusión que terminan y dejan mi corazón con ganas de seguir adelante.


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