Una nueva etapa en mi vida

“Como otros muchos días, vengo al mercado de abastos de Santiago desde mi pueblo, para vender productos de la huerta”. Mercedes trabaja en el mercado de abastos de Santiago de Compostela.

07 de febrero de 2011

Como otros muchos días, vengo al mercado de abastos de Santiago desde mi pueblo, para vender productos de la huerta. Me suelo colocar en el mismo sitio, desde hace años, y rezo cada día para vender todo lo que traigo.

Pasamos bastante frío a veces; otras nos mojamos, pues nuestro puesto está en la calle y en Santiago llueve mucho. A veces pienso que así puedo ofrecer algo por mis clientes y por tantas personas que tienen necesidades.

Opus Dei -

“Todo comenzó con un sacerdote de mi pueblo que me presentó a unas mujeres de Valencia del Opus Dei cuando yo era joven”

Algunos días yo misma me sorprendo del volumen de ventas. Hace poco traje 22 docenas de huevos camperos y a las 11 ya no tenía ninguno. Mis compañeras no vendían tanto, y me preguntaban qué hacía para conseguirlo. ¿Será por lo que he rezado, pensé?

Procuro también ser amable y servicial con la gente que viene a comprar. Algunas me cuentan sus problemas familiares, y les recomiendo que recen, que tengan paciencia, y no pierdan la esperanza. Yo también las encomiendo, a ellas y a una frutería que veo vende poco, y procuro animar a personas que pasan por nuestra calle, a las que veo tristes y sin recursos.

Aprender a trabajar y rezar a la vez
Tengo que decir que trabajar y rezar, rezar y trabajar a la vez, no es algo que yo supiera hacer desde siempre. Todo comenzó con un sacerdote de mi pueblo que me presentó a unas mujeres de Valencia del Opus Dei cuando yo era joven. Necesitaban chicas para llevar la Administración de un Colegio Mayor, y pensé que era una buena oportunidad.

Opus Dei -

“Más adelante descubrí mi vocación como supernumeraria, y eso fue una nueva etapa en mi vida…”

La verdad es que aprendí a llevar una casa con profesionalidad y, de paso, también aprendí a querer más a Dios. ¡Nunca he olvidado esos años en Valencia, que me ayudaron tanto!. Me admiraba sobre todo ver cómo cuidaban las cosas que hacían referencia al Señor, en la capilla.

Una nueva etapa en mi vida
Al cabo de unos años, volví a mi pueblo, me casé y tuve dos hijas. Una de ellas trabajó también en la Administración del Colegio Mayor La Estila, hasta poco antes de casarse. Me pareció que así recibiría una buena educación, mientras aprendía a trabajar.

Seguí participando en actividades de formación y con el tiempo comencé a cooperar, con los recursos que pude, para sacar adelante algunas iniciativas sociales que la Obra promovía en diversos lugares.

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“Ahora estoy viuda y mis hijas son mayores. Sigo cuidando la huerta y llevo mis productos al mercado tres días a la semana”

Más adelante descubrí mi vocación como supernumeraria, y eso fue una nueva etapa en mi vida. Yo era la misma y no era la misma. Hacía lo mismo, pero más alegre, más consciente de mi compromiso cristiano, y con muchas ganas de ayudar a todo el mundo…

En la parroquia del pueblo
Ahora estoy viuda y mis hijas son mayores. Sigo cuidando la huerta y llevo mis productos al mercado tres días a la semana. También ayudo en la parroquia del pueblo: ahora aplico allí lo que aprendí en Valencia, y mientras preparo las cosas para el Señor aprovecho y le cuento cosas, y rezo por mi familia y la gente del pueblo.

Desde que mis hijas hicieron la primera Comunión, empecé a dar catequesis. Es algo que me gusta mucho, y procuro prepararme bien, con esfuerzo. Las familias lo agradecen. Rezo a diario por mi marido, que era un hombre de fe. Recuerdo que si veía que algún día no iba a Misa me decía: “¿Y luego, hoy no vas a Misa?”.

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“Este año jubilar he procurado ir con algunas personas a ganar el jubileo, pues es una suerte especial vivir cerca de Santiago”

También acudo habitualmente a San Josemaría para muchas necesidades y la verdad es que me ayuda en bastantes cosas que le pido (vender en el mercado, que la gente encuentre a Dios…).

Tuve la suerte de ir a Roma a la Canonización, cuando aún no era de la Obra, con las de la administración de La Estila, y me alegró ver allí tantas personas de distintas razas y países. Me dejaron un libro para leer, de San Josemaría, y desde entonces lo repaso con frecuencia.

Cerca de los peregrinos del Camino
Procuro aprovechar el tiempo, pues hay que hacer muchas cosas. Una amiga me decía el otro día, en broma, al verme andar ligera: “Mercedes, no vas a tener tiempo ni para morir”, pero la verdad es que, con la ayuda de Dios, hay tiempo para todo. Yo misma me sorprendo de llegar a tantas cosas, aunque a veces con esfuerzo.

Este año jubilar he procurado ir con algunas personas a ganar el jubileo, pues es una suerte especial vivir cerca de Santiago. Ver a tantos peregrinos que llegan aquí es una alegría grande, y desde mi puesto en el mercado, pido también por ellos, para que descubran cuánto les quiere Dios y reciban las gracias del año jacobeo….

de opusdei.es

 

Opus Dei, siempre bajo sospecha

Por lo que veo eres del Opus Dei. Yo, que estoy muy alejado de cualquier contacto o conexión religiosa, represento para tí una buena oportunidad de explicarme qué y cómo es el Opus Dei, compañía -creo que se le llama así- siempre bajo sospecha y de la que yo no conozco prácticamente nada.
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Si estás muy alejado de la religión y de Dios es difícil que entiendas el Opus Dei
y cualquier asociación, orden, congregación o lo que sea.

El Opus Dei es una Prelatura personal de la Iglesia. Busca dar gloria a Dios en el trabajo y en todos los acontecimientos ordinarios de la vida.

Inga, cooperadora del Opus Dei en Lituania

Inga Gebrauskienė vive en Lituania. Es madre de familia, economista y cooperadora del Opus Dei. En este testimonio, cuenta cómo se encontró con la Obra a través del que después sería su marido

Desde mi niñez he sido creyente, aunque no practicaba mi fe católica. Por la iglesia me asomaba solamente cuando me enfrentaba a alguna especial dificultad de mi vida, cuando no me sentía todopoderosa,… entonces me acordaba de que allí podía pedir ayuda.

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Me parecía que Dios estaba en algún lejano lugar… pero rezar el Rosario o asistir regularmente a Misa me parecía adecuado para personas de muy avanzada edad… pensaba que para los jóvenes no estaba de moda ir a la iglesia o hablar sobre Dios.

Me consideraba católica, aunque en realidad no sabía lo que era: realmente, sabía muy poco sobre la fe católica, y nuestros compromisos como bautizados, no sabía que espera el Señor de nosotros ya jóvenes o menos jóvenes.

Oí hablar sobre el Opus Dei por primera vez a mi marido Paulius. Hace seis años, antes de casarnos, él me habló de esta institución, de su actividad de catequesis por todo el mundo y de su fundador, San Josemaría Escrivá.

Reconozco que mi primera reacción al saber que el chico que me gustaba era supernumerario del Opus Dei fue de miedo, miedo por ignorancia. A pesar de eso, la sinceridad y naturalidad de Paulius difuminó mi temor. Ahora soy muy feliz y le agradezco a Dios que haya podido conocer a una persona así.

“Cuando comprendí que el trabajo más importante de mi día es mi encuentro con Dios, me di cuenta que ordenando bien mi día y haciendo en primer lugar las cosas importantes, aprovecho más el tiempo”.

Mi esposo ha sido para mí siempre un ejemplo de buen cristiano. Sus esfuerzos diarios para encontrar tiempo para Dios, para la oración, para la Santa Misa, sin importar dónde estuviéramos, me dejaron una huella profunda.

Además este buen ejemplo me creaba a mí misma un montón de preguntas: ¿cómo es mi relación con Dios? ¿qué lugar ocupa en mi vida?. Por supuesto, a veces me tranquilizaba rápidamente pensando que no me hacía falta profundizar en esas cuestiones, que no tenía tiempo para ello.

Sin embargo ahora sé que al principio no tenía mucho interés en encontrar ese tiempo. Cuando comprendí que el trabajo más importante de mi día es mi encuentro con Dios, me di cuenta que ordenando bien mi día y haciendo en primer lugar las cosas importantes, aprovecho más el tiempo.

Lo más importante es discernir cuál es nuestro último fin en la tierra, y pensar que lo demás son simples medios para alcanzar ese fin.

En enero cumplí un año como cooperadora del Opus Dei. Y estoy muy contenta- La Obra me ayuda a contar con los conocimientos necesarios de la fe católica y con los consejos prácticos para crecer en vida interior. Me ayuda a comprender, que a Dios lo podemos encontrar en cualquier circunstancia de la vida corriente, pero que lo más importante es buscarle.

“Una persona con discapacidad no es una persona inservible”

Joaquín Romero es un barcelonés de 41 años que, desde hace dieciocho, va en silla de ruedas debido a una esclerosis múltiple: “El dolor no tiene ningún sentido por sí mismo: el sentido lo tienes que buscar tú; no nacemos con un manual debajo del brazo en el que se explica cómo convivir con él”18 de diciembre de 2009

Opus Dei -

Él quería conocer la verdad, sin tapujos. Por eso, cuando le diagnosticaron, hace casi veinte años, esclerosis múltiple –una enfermedad incurable, progresiva y degenerativa– pidió que le explicaran exactamente a qué debía atenerse en adelante: “Te puedes quedar tetrapléjico, ciego, mudo y en cama; pero lo peor es que no consigas superarlo y lo que sólo es una enfermedad psicosomática, acabe siendo algo psíquico”

Joaquín Romero tiene 41 años, y hace unos dieciocho que va en silla de ruedas. No puede andar, el brazo izquierdo lo tiene casi perdido, apenas ve, le cuesta respirar y la cabeza le está fallando. Cuando se dio cuenta de que no podría valerse por sí mismo decidió adaptar su casa y montar, con su hermano Borja una empresa que ayudara a personas discapacitadas como él. Un arquitecto técnico y un ingeniero. B&J Adaptaciones es hoy la única empresa española en su campo y, gracias a ella, Joaquín ha podido hablar y ayudar a muchas personas… “de silla a silla”, como él dice. Y es que, a pesar de ser plenamente consciente de su situación, el pesimismo no le pierde y no duda en definir su situación como de “un milagro; un caricia de Dios”…

“Le di al balón y entonces empecé a notar como miles de hormigas por todo el cuerpo; luego vino la doble visión”

Tendría yo 22 ó 23 años. Lo tenía todo perfectamente calculado: había hecho el servicio militar; estudié lo que quise, arquitectura técnica… Ya pensaba en subirme a andamios y dirigir obras. Me gustaba el fútbol. Un día, jugando con mis amigos, fui a chutar el balón, le di con el empeine y entonces empecé a notar como miles de hormigas por todo el cuerpo; luego vino la doble visión y fui al médico.

¿Qué te dijo?
En ese momento, lo que me sonaba más extraño era el psiquiatra, pero me llevaron al neurólogo. ¿Qué era eso? No lo había oído nunca. Mis esquemas se me fueron rompiendo poco a poco. Yo quería que me recetara las medicinas y ya está, todo solucionado. “No, no, Joaquín” me dijo. “La esclerosis es incurable”. “Vale, pues conviviré con ella” le dije –no tenía ni idea de a qué me enfrentaba. “Es una enfermedad progresiva y degenerativa: no es una carrera de velocidad, sino una maratón. Tendrás que ir bien preparado, dosificar tus energías; no a grandes zancadas sino paso a paso”.

Y ¿qué hiciste? ¿Qué pensaste?

“Sólo ahora he comenzado a intuir un poco el valor tan grande que se esconde detrás de esta enfermedad”

No lo sé. Aún era un poco inconsciente de lo que me ocurría. Me pasaban cosas totalmente inauditas para mí. Mi condición de “cerebrotónico” hacía que quisiera tenerlo todo amarrado, pero era imposible. Gracias a Dios llevaba unos años en el Opus Dei y ahí siempre he tenido a alguien con quien confiar y contar mis problemas. Yo tenía la sensación de que cualquier cosa nueva que me ocurría era algo muy grave. Y lo contaba, y me escuchaban, y nos íbamos a tomar unas copas cerca del mar –soy un apasionado del mar–…; con esa excusa, me conocí todos los chiringuitos de la costa barcelonesa…

¿Así se solucionan las cosas?
No se solucionan, pero sí consigues objetivarlas un poco más. Muchas veces, el gran problema de personas afectadas con esta enfermedad es que se quedan trabadas por tonterías que en minutos se aclaran. El médico me lo dijo muy claro ya que yo quería conocer exactamente a qué atenerme. Soy enfermo, pero no tonto. Podría quedarme tetrapléjico, ciego, mudo y en cama. Pero que lo peor era que lo físico afectara a lo psíquico y entrara en depresión.

Por eso no te detuviste

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Claro. Y por eso, cuando vi que si no hacía algo ya no podría valerme por mí mismo, mi hermano Borja y yo adaptamos mi casa de forma que pudiera controlarlo todo desde la silla, o desde la cama, o desde el ordenador. Así fue como lo que comenzó en esos poco más de 30 metros cuadrados, hoy es ya una empresa –única en España– que construye, adapta y soluciona la vida de miles de discapacitados con problemas similares, peores o iguales al mío. Y lo mejor es que yo puedo hablar a mis clientes de silla a silla…

Habrás visto mucho dolor
Una vez me llamó una señora pidiéndome una solución para su marido enfermo. Le dije que lo miraría. Pasado poco tiempo, la llamé, pero no estaba. Había ido al funeral de su marido…

Desde entonces me prometí no desperdiciar ni un segundo de mi vida para ayudar a quien se me acercara. A veces viene un cliente y te pregunta por unas máquinas y al final: “Y tú, ¿qué?”. “¿Qué de qué?”, les digo. “No, ¿que cómo lo llevas?”

¿Qué les dices? ¿Se puede amar el dolor?

“Recuerdo un cliente que me vino y me dijo que quería suicidarse… me puse en su situación y hablamos de muchas cosas y de lo bello que es vivir”

No. Por sí mismo no. El dolor no tiene ningún sentido: el sentido lo tienes que buscar tú. Yo les digo la verdad. Lo que siento y lo que veo. Les digo que estoy atravesando uno de los mejores momentos de mi vida porque sólo ahora he comenzado a intuir un poco el valor tan grande que se esconde detrás de esta enfermedad. Es un misterio el dolor, sí; no nacemos con un manual debajo del brazo en el que se explica: número uno, cómo se lleva; número dos, qué hacer cuando dura más de dos semanas… ¡Qué fácil sería si ya lo supiéramos! Quizá, como Dios nos ha hecho libres, nos deja a nosotros la oportunidad de descubrirlo… “¡Qué Padre más injusto!”, podrías pensar. Pero eso es lo fácil. ¿Por qué no echarte la culpa a ti mismo? En cuanto a inteligencia e intuición, no creo que le falte, a Dios. Quizá te falte a ti; entonces, pregúntate por qué no lo entiendes y te animo a que te acerques a Él a través de los Sacramentos…

Pero esto es una solución para los que creen…
¿Qué esperabas que te contara? ¿Que fueras a un grupo de mutua ayuda, donde unirse y quejarse en alto de lo duro que es la sociedad, de lo difícil de nuestra situación…? No. Sólo te puedo decir una cosa: no he estudiado ni por asomo teología, pero que yo sepa no se ha explicado teológicamente por qué se puede vivir con alegría dentro del dolor…; yo, en cambio, lo he conseguido. Y no es broma. En términos de salud, lo he perdido todo. Pero hay una cosa no he perdido jamás: lo que tengo dentro que me da una gran paz; una seguridad de saber que lo que he elegido –por lo que apostado– eso, funciona. Si repaso los años que tengo, no recuerdo nunca haber estado tan bien como ahora. Lo he probado cuando estaba sano y jugaba a fútbol. Cuando estaba con los amigos. Cuando estudiaba y estudiaba mucho… y me funcionaba. Lo sigo usando ahora que estoy enfermo… y justo hoy que me he caído en la calle y me he dado un golpe en la cabeza. Me podría haber hecho daño… pero yo sigo contento. Para mí, lo que estoy viviendo es como un milagro, una caricia de Dios. Puede sonar a risa, a ironía, a locura… no. Esto no lo hace un hombre. Un hombre no es capaz de tener una imaginación tal como para inventar algo tan complejo como todo lo que te estoy contado. No: eso sólo lo sabe y puede hacer Dios.

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¿No te ha entrado ningún momento de desesperación, una tentación de decir “basta”? ¡También somos de carne y hueso!
Sí, claro. Muchos. Momentos en que pensaba que Dios se estaba ensañando conmigo y que yo ya había tocado fondo… Recuerdo un cliente que, después de las preguntas “comerciales” pertinentes, me dijo que quería suicidarse. Yo le dije que también lo había pensado alguna vez y comencé a explicarle mi “plan”. Un “plan de suicidio” perfectamente trazado: voy al metro adaptado que tengo cerca de casa, pago, me acerco al andén, me preparo para accionar el joystick de la silla y… ¡Es muy fácil! Pero entonces, cuando ya lo tengo totalmente encantado, le doy la vuelta y reconduzco la conversación: ¿no te parece más bello luchar por la vida?

Hay gente que dice que la eutanasia es una solución
¿Quién lo dice? ¿Los enfermos, o los que tienen que aguantar a los enfermos? En cuanto a éstos, si realmente aman al enfermo, no pueden encerrarse sencillamente con su “solución”. Eso es injusto egoísmo. Tienen la obligación de formarse y ver que hay muchas opciones. No se puede zanjar un tema tan importante diciendo simplemente: “buena muerte”. Si has oído, aunque sea de lejos, que alguien da una solución, tienes que descubrir cuál es. Si quieres realmente al enfermo –si lo amas de veras–, tienes que buscar todo lo que puedas…

¿Y si es el mismo enfermo quien lo pide?
En ese caso me pongo más en su lugar. Hay que hablarle de tú a tú. Le diría: “No pienses que eres un trasto inútil, una sanguijuela… no. Todo lo contrario, tío… tienes la oportunidad de poder hacer ver el valor tan grande que esconde el dolor. Es una misión”. Como las COES. Es importante que la gente entienda que una persona con discapacidad no es una persona inservible.

Cuando llegue al Cielo, me pondré de rodillas –porque entonces sí podré– y le diría: “Dios mío, Lo has bordado”

Todo esto, ¿lo descubriste de la noche a la mañana?
¡No, no! Esto sería con el manual del que te hablaba… A los quince años ni siquiera se me pasarían por la cabeza estas respuestas. Son cosas que he ido madurando, y ahora veo más claras… pero desde entonces, ¡han pasado más de veinte años! El Joaquín Romero de ahora, no tiene nada que ver con el de ese momento. Si quieres es más radical… pero con un corazón que no le cabe dentro.

¿Qué le dirías a Dios cuando llegues al Cielo?
Le daría un “gracias” y un besazo. Gracias y un beso muy grande por la vida que me ha dado. Porque además, no hubiera deseado otra vida. Deseo lo que Él ha querido. Diría “chapeau”. Si tuviera un sombrero, me lo quitaría. Me pondría de rodillas –porque entonces sí podría– y le diría: “increíble. Lo has bordado”.

Una supernumeraria argentina


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Sheila Michel es argentina pero reside en Madrid desde hace años, junto a su marido y sus cinco hijos, con edades entre 17 y 23 años. Es propietaria de un teatro ambulante de marionetas y supernumeraria del Opus Dei.

Sheila conoció el Opus Dei en Argentina, donde asistía a un club juvenil, pero perdió todo contacto hasta muchos años después. Al llegar a España, se establecieron en un pueblo de Ávila y, al crecer los niños, vieron la necesidad de darles buena educación y formación. Sheila acudió a un sacerdote uruguayo, del Opus Dei, amigo de su familia, quien le orientó acerca de colegios, por lo que se trasladaron a vivir a Madrid.

Artículo completo en http://www.opusdei.es/art.php?p=15992

reciben remuneracion economica las numerarias auxiliares?

Yo soy Numeraria Auxiliar.
Como soy una persona normal, y tengo que vivir como todo el mundo, tengo que comer, vestir, pagar mis gastos y los de mi casa, recibo un sueldo por mi trabajo y tengo nómina, y seguridad social.

Nuestra mentalidad es laica, es decir de cristianos corrientes, y si realizo un trabjo que en la calle es remunerado, no entiendo por que en la Obra no.
Además no vivimos de limosna. Todos los miembros del Opus Dei para su mantenimiento tienen que trabajar.

Los vagos no se dan en la Obra de Dios: Primero por que es la materia prima de nuestra Santificación: Ser santos en medio de nuestro trabajo ordinario. Santificar el trabajo, y santificar a los demás por medio de nuestro trabajo.

Una pizzería y una guardería

Dos puertorriqueños relatan en los vídeos las preguntas que hicieron al Prelado del Opus Dei durante la tertulia familiar que tuvieron recientemente en ese país.13 de agosto de 2009

opusdei_pizzero1“Me explicó cómo hacer la pizza con amor a Dios y a las personas”
Él es propietario de una pizzería, y en su pregunta le pidió a Mons. Javier Echevarría que le hablara de cómo podía hacer ver a sus amigos que el trabajo es una vocación. Vídeo

opusdei_puertorico“Inaugurad vuestro matrimonio cada día”
Es madre de cuatro hijas y dirige una guardería en Puerto Rico. En el vídeo cuenta cómo le han ayudado los consejos sobre la vida matrimonial que recibió del Prelado del Opus Dei durante la tertulia. Vídeo

¿Buscas trabajo?

Ofrecemos una nueva versión de la “Novena del trabajo” para pedir a San Josemaría su intercesión en este tema tan importante para nuestras vidas.

01 de julio de 2009
 

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Bastantes personas pierden su trabajo y enfrentan serias dificultades para mantener su familia. Otras, desean tener uno mejor. Y todos podemos realizarlo con mayor perfección. Por sus enseñanzas sobre la santificación del trabajo, san Josemaría es un intercesor natural ante Dios para conseguirlo.

Con un clic en el enlace de arriba podrá obtener los textos que utilizan muchas personas durante 9 días rezando por estas intenciones. 

Más favores de san Josemaría en www.josemariaescriva.info

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