El Opus Dei me ha ayudado a ser lo que soy…

Soy supernumerario del Opus Dei y ya llevo algunos años como tal. Básicamente en mi experiencia la Obra me ha ayudado primero a ser “persona”, pues el primer reconocimiento es el de que la Obra es una familia y como tal me quiere y me integra, con todas mis virtudes que alguna tengo y con mis grandes defectos que son bastantes. La familia de por sí integra una gran cantidad de valores, que por mucho que busquemos fuera nunca son tantos ni tan valiosos en un mismo entorno. Hoy puedo decir que en este año he celebrado mis bodas de plata con mi mujer y si puedo decir que si he llegado a sido gracias al Opus Dei, pues seguramente por mi mismo y por mi mujer, quizá nunca hubiéramos llegado, pues nuestra relación hoy maravillosa, no ha dejado de estar llena de turbulencias y caminos dispares. Después me han ayudado a ser y a sentirme persona y a descubrir el amor, el amor que tiene Dios por mi y por todo mi entorno, apreciando las cosas pequeñas que antes las ignoraba o no las apercibía, a darme a todos los demás para sentirme realizado y satisfecho conmigo mismo, poniendo amor donde hay odio, escuchando a la gente, en definitiva poniéndome al lado de cada uno, sin juzgar a nadie por lo que es o representa y sin poner condiciones previas. Gracias al Opus Dei, mi vida tiene sentido, me ha ayudado a llegar hasta el día de hoy, sin tener miedo del mañana y sin pensar en la mal que lo hice ayer…. pues eso ya no tiene remedio y tal y como decía San Josemaria, he aprendido a comenzar y recomenzar cada vez que me tropiezo y caigo en las faltas y errores del día a día.

Sé que la vida es sinuosa …


Año 2004. A falta de 16 segundos el entrenador se fijó en mí. Con 19 años estaba algo nervioso en la pista del Real Madrid ante Louis Bullock dirigiendo a los suyos y… yo mordiéndome las uñas.

29 de agosto de 2010

Así que tomé aliento. Me desprendí de la sudadera. Salté a la pista. Allí recibí el balón al bordé de la línea. Una finta, y un pasillo de jugadores. Me voy al aro… y el pivot del Real Madrid… me cae encima. ¡Qué dolor, madre mía! Personal. Dos tiros libres. Y ahí van, camino del aro… Entran. Uf, al menos ya está dentro la pelotita. Te relajas y suena la bocina. Final del partido. Miras el marcador. ¡Vaya paliza nos han dado! Si me viera mi abuelo Enrique, que me llevaba a los pabellones, qué feliz sería…

Bien, al menos he superado mi primera participación como base del equipo del CB de Granada en Madrid y no sé si he cumplido el sueño de jugar en Primera división. “Esto es una nube, cuidado”. Así que recojo los bártulos y subo al autobús. El público, al pasar, nos mira de abajo arriba como si fuéramos importantes. La gente parece pensar: “vaya unos tipos altos… ¿viven siempre a lo grande?”

Pero no. Nuestra vida no es a lo grande. Se descubre en el bus, cuando intentamos meter nuestras piernas tan encogidas como mortales. Mis problemas son cotidianos. Incluso pocos en comparación con los pivots del equipo que, con 210 cm, encajan las piernas entre los sillones estrechos. La verdad es que mis 190 centímetros no son llamativos al lado de mis compañeros.

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Desde pequeño, algunos me conocen como el greñas. Por cierta timidez he tenido siempre el pelo largo y a mi madre le gusta así… y si a tu madre le gusta así ¿para qué cambiarle ese regalo diario?

De todas formas, compruebo que el pelo no es una manta contra el aire acondicionado del autocar, que entra por todas partes y que me hace sólo despertar y seguir pensando estas tonterías: “has jugado contra el Real Madrid, las chicas te adulan y hasta pareces un hombre famoso”. “Muy bien ¿y?” Claramente estoy en una sensación extraña, como la de aquel partido cuando era jugador cadete.

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Recuerdo que había gran tensión en las gradas. Aquello era todo dramático. Imagínate el ambiente de un campo provincial con padres gritando, niños corriendo y el típico entrenador que se deja la vida de semana en semana. Emoción. Yo estaba en el banquillo y en el campo había un chico que defendía sin intensidad. Perdido por los nervios, grité harto de su indolencia: ¡pero qué tipo más malo! De la grada, saltó una chica: “¿cómo que malo? Ese chico no es nada malo… ¿Lo has mirado bien?”. Sorprendido, enmudecí sin saber qué decirle a la chica… pues nunca me han gustado las broncas. Así que escabullí mi cuerpo sobre la silla mientras el color rojo se adueñaba de mis mejillas. Había aprendido la lección. No juzgues las apariencias.

Después pasaron varios partidos. A los 14 años fui nombrado el jugador con mejor proyección de Granada y fui a recoger el premio. Estaba timidísimo… y contentísimo. También mis padres. Al bajar del estrado apareció de nuevo aquella chica. “Vaya, vaya… ¿y a ti te han dado un premio? Puff, pues vaya…”. Conclusión. Dos cosas estaban claras: que estaba poniéndome rojo y que aquella chica… tenía carácter.

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Así que me enamoré. Lo reconozco, pero en el amor tampoco el pelo corté, pues si le gustaba a mi madre… también le gustaba a Julia, aquella chica fuerte y dedidida. Ella también juega al baloncesto (por cierto, bastante mejor que yo). Desde entonces el basket nos unió y el noviazgo avanzó rápidamente, entre cambios de equipos, entrenamientos y partidos. También llegaron los estudios de empresariales o el viaje con amigos y Julia para recorrer los USA en coche. Después, más horas de entrenamientos, ciudades, cansancio. “Tranquilízate Gonzalo. Tómate tu tiempo. Entrena sólo una vez al día y ve a la facultad. Esto es un largo camino y acabas de empezar”, me espetó el entrenador. “OK, mister”.

Por entonces, yo pensaba que las crisis deportivas eran personales, que uno debe fortalecerse sólo… pero ya la madre de Julia me había enseñado algo mientras enfermaba y moría de cáncer: uno vive para los demás en el dolor y en la alegría. No naces ni mueres solo.

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“Pero ¿cómo es posible que la madre de mi novia aceptase el dolor de su situación diaria?”. Es algo que no encajaba y que me planteo frecuentemente. En la enfermedad, la madre de Julia vivía el Dios de las cosas pequeñas. Era su sonrisa, su cercanía afable. No sé. Es algo fácil y difícil de explicar… Algo que es propio de las personas que desean vivir el espíritu cristiano en el Opus Dei. Y para mí, Dios, estaba sólo en la Misa del domingo y en mis grandes momentos: para que entrara la bola en la canasta, para que ganáramos el partido, para que… Y allí, en medio de aquella casa, junto a mi futura suegra encamada descubrí que, aunque seas grande y alto, Dios está contigo porque eres un hijo pequeño y necesitado.

Por eso, hoy, que también soy del Opus Dei, estoy intentando vivir las orientaciones del entrenador en las cosas pequeñas, u otras tan importantes como buscar Misa diaria o haberme casado hace un mes… con esa chica de carácter.

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De momento, con 24 años, no necesito tatuajes, aunque mis zapatillas lleven serigrafriadas la expresión “Everything to you” (Todo para ti). Ojo, que ya la llevaba antes de estar casado, ¿eh? pero lo cierto es que una expresión que me sirve para explicar a mis compañeros que jugamos otro partido más importante: el mundial de la Vida futura.

En fin, sé que la vida es sinuosa… pero ahí tengo a un Dios que se hizo hombre hace 2000 años. De momento, disfruto tanto de su compañía como de las tertulias y pachangas del equipo, de la música rap, o del hip hop del bus. Poco más. ¡Ah! desde que soy de la Obra salgo al campo buscando un ángel de la guarda sentado en la grada, con los pies cruzados y con una pancarta que dice: “sigue disfrutando del partido, disfruta de la vida. Tu abuelo Enrique… que está con Dios.”

de opusdei.es

Como descubrí mi vocación de numeraria del Opus Dei

Ángela Fortunato es numeraria del Opus Dei.Ángela trabaja en el mundo de la Sanidad en EEUU. En este vídeo explica cómo encontró su vocación como numeraria, y cuenta cómo aprendió a rezar y a aceptar la voluntad de Dios. En inglés, con subtítulos.

Había muchas otras chicas con las que yo iba a campamentos, y tenían muchas más virtudes. Rezaban más que yo.
Sin embargo Dios me llamó a mi, para que fuera numeraira del Opus Dei. Muchas veces me pregunto el porqué.
Por qué a temprana edad?
Ignoré a Dios por un tiempo. Estaba convencida de que me iba a casar.
Alguna vez decía a Dios: Tú quieres que me case, claramente, porque me atraen los chicos. Con la oración Dios me hizo ver mi vocación. Mi llamada.
Me pedía que fuera numeraria. Nunca me plantee ser monja, sino numeraria: en medio del mundo.
No tengo la menor duda que que soy más feliz siendo numeraria.
Tuve mis luchas.
con el paso del tiempo me convencí más de que era lo que Dios quería de mi.
Para descubrir la Voluntad de Dios el único camino es la oración.
Me ayudó mucho la lectura y la dirección espiritual.
Ahora yo misma doy dirección espiritual a mucha gente. Es como tener un entrenador espiritual. Se trata de ayudar a la persona. Pero de uno mismo depende ejercitarse.
La libertad es la capacidad de hacer el bien. Por eso me pregunto qué quiere Dios de mi. Eso es la verdadera libertad.
Jesús no nos da muchas reglas, sino que nos dio ejemplo. En el Opus Dei se trata de lo mismo. Independientemente de las circunstancias, cada uno se preguta cómo seguir a Cristo en cada momento.
Cómo aprendí de mi madre a hacer oración y cómo murió.

Yo siento esta vocación un poco tarde

Realmente es fantastico haber tenido las cosas tan claras desde tan joven. Yo siento esta vocación un poco tarde, tengo 49 años, pero la siento de una manera muy intensa. He buscado desde muy joven mi camino, lo busque en otras creencias, otras religiones, el hinduismo principalmente, participe en grupos diversos, buscando respuestas, respuestas que no llegaban. Ahora, sin saber muy bién como he llegado al punto de partida. Despues de leer los libros de San Josemaria, de leer autores cristianos y conocer de lejos la Obra. Me gustaria que Dios me hubiese llamado antes, pero creo que el conocer otras cosas y creencias hace que mi fe la sienta más autentica. No se que os parece, solo se qué aunque tarde, camino firme y mi deseo es poder ser util al Opus Dei, ya que creo compartir su manera de llegar a Dios, entregandome y buscando la santidad en las tareas ordinarias, y desde que lo vivo de esta manera han cambiado muchas cosas en mi. Me gusta leer vuestros testimonios, leyendolos hace que me reconozca en muchos de vosotros.

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No te preocupes por tu edad, ni mires para atrás, el Señor llama en el momento mejor a” todos ” a distinta hora.

Ojalá que Él, te conceda la vocación y no te olvides de también pedírsela a Nuestra Madre del Cielo.

Puedes usar esta jaculatoria “Señora, que vea “

Inga, cooperadora del Opus Dei en Lituania

Inga Gebrauskienė vive en Lituania. Es madre de familia, economista y cooperadora del Opus Dei. En este testimonio, cuenta cómo se encontró con la Obra a través del que después sería su marido

Desde mi niñez he sido creyente, aunque no practicaba mi fe católica. Por la iglesia me asomaba solamente cuando me enfrentaba a alguna especial dificultad de mi vida, cuando no me sentía todopoderosa,… entonces me acordaba de que allí podía pedir ayuda.

Opus Dei -

Me parecía que Dios estaba en algún lejano lugar… pero rezar el Rosario o asistir regularmente a Misa me parecía adecuado para personas de muy avanzada edad… pensaba que para los jóvenes no estaba de moda ir a la iglesia o hablar sobre Dios.

Me consideraba católica, aunque en realidad no sabía lo que era: realmente, sabía muy poco sobre la fe católica, y nuestros compromisos como bautizados, no sabía que espera el Señor de nosotros ya jóvenes o menos jóvenes.

Oí hablar sobre el Opus Dei por primera vez a mi marido Paulius. Hace seis años, antes de casarnos, él me habló de esta institución, de su actividad de catequesis por todo el mundo y de su fundador, San Josemaría Escrivá.

Reconozco que mi primera reacción al saber que el chico que me gustaba era supernumerario del Opus Dei fue de miedo, miedo por ignorancia. A pesar de eso, la sinceridad y naturalidad de Paulius difuminó mi temor. Ahora soy muy feliz y le agradezco a Dios que haya podido conocer a una persona así.

“Cuando comprendí que el trabajo más importante de mi día es mi encuentro con Dios, me di cuenta que ordenando bien mi día y haciendo en primer lugar las cosas importantes, aprovecho más el tiempo”.

Mi esposo ha sido para mí siempre un ejemplo de buen cristiano. Sus esfuerzos diarios para encontrar tiempo para Dios, para la oración, para la Santa Misa, sin importar dónde estuviéramos, me dejaron una huella profunda.

Además este buen ejemplo me creaba a mí misma un montón de preguntas: ¿cómo es mi relación con Dios? ¿qué lugar ocupa en mi vida?. Por supuesto, a veces me tranquilizaba rápidamente pensando que no me hacía falta profundizar en esas cuestiones, que no tenía tiempo para ello.

Sin embargo ahora sé que al principio no tenía mucho interés en encontrar ese tiempo. Cuando comprendí que el trabajo más importante de mi día es mi encuentro con Dios, me di cuenta que ordenando bien mi día y haciendo en primer lugar las cosas importantes, aprovecho más el tiempo.

Lo más importante es discernir cuál es nuestro último fin en la tierra, y pensar que lo demás son simples medios para alcanzar ese fin.

En enero cumplí un año como cooperadora del Opus Dei. Y estoy muy contenta- La Obra me ayuda a contar con los conocimientos necesarios de la fe católica y con los consejos prácticos para crecer en vida interior. Me ayuda a comprender, que a Dios lo podemos encontrar en cualquier circunstancia de la vida corriente, pero que lo más importante es buscarle.

“Una persona con discapacidad no es una persona inservible”

Joaquín Romero es un barcelonés de 41 años que, desde hace dieciocho, va en silla de ruedas debido a una esclerosis múltiple: “El dolor no tiene ningún sentido por sí mismo: el sentido lo tienes que buscar tú; no nacemos con un manual debajo del brazo en el que se explica cómo convivir con él”18 de diciembre de 2009

Opus Dei -

Él quería conocer la verdad, sin tapujos. Por eso, cuando le diagnosticaron, hace casi veinte años, esclerosis múltiple –una enfermedad incurable, progresiva y degenerativa– pidió que le explicaran exactamente a qué debía atenerse en adelante: “Te puedes quedar tetrapléjico, ciego, mudo y en cama; pero lo peor es que no consigas superarlo y lo que sólo es una enfermedad psicosomática, acabe siendo algo psíquico”

Joaquín Romero tiene 41 años, y hace unos dieciocho que va en silla de ruedas. No puede andar, el brazo izquierdo lo tiene casi perdido, apenas ve, le cuesta respirar y la cabeza le está fallando. Cuando se dio cuenta de que no podría valerse por sí mismo decidió adaptar su casa y montar, con su hermano Borja una empresa que ayudara a personas discapacitadas como él. Un arquitecto técnico y un ingeniero. B&J Adaptaciones es hoy la única empresa española en su campo y, gracias a ella, Joaquín ha podido hablar y ayudar a muchas personas… “de silla a silla”, como él dice. Y es que, a pesar de ser plenamente consciente de su situación, el pesimismo no le pierde y no duda en definir su situación como de “un milagro; un caricia de Dios”…

“Le di al balón y entonces empecé a notar como miles de hormigas por todo el cuerpo; luego vino la doble visión”

Tendría yo 22 ó 23 años. Lo tenía todo perfectamente calculado: había hecho el servicio militar; estudié lo que quise, arquitectura técnica… Ya pensaba en subirme a andamios y dirigir obras. Me gustaba el fútbol. Un día, jugando con mis amigos, fui a chutar el balón, le di con el empeine y entonces empecé a notar como miles de hormigas por todo el cuerpo; luego vino la doble visión y fui al médico.

¿Qué te dijo?
En ese momento, lo que me sonaba más extraño era el psiquiatra, pero me llevaron al neurólogo. ¿Qué era eso? No lo había oído nunca. Mis esquemas se me fueron rompiendo poco a poco. Yo quería que me recetara las medicinas y ya está, todo solucionado. “No, no, Joaquín” me dijo. “La esclerosis es incurable”. “Vale, pues conviviré con ella” le dije –no tenía ni idea de a qué me enfrentaba. “Es una enfermedad progresiva y degenerativa: no es una carrera de velocidad, sino una maratón. Tendrás que ir bien preparado, dosificar tus energías; no a grandes zancadas sino paso a paso”.

Y ¿qué hiciste? ¿Qué pensaste?

“Sólo ahora he comenzado a intuir un poco el valor tan grande que se esconde detrás de esta enfermedad”

No lo sé. Aún era un poco inconsciente de lo que me ocurría. Me pasaban cosas totalmente inauditas para mí. Mi condición de “cerebrotónico” hacía que quisiera tenerlo todo amarrado, pero era imposible. Gracias a Dios llevaba unos años en el Opus Dei y ahí siempre he tenido a alguien con quien confiar y contar mis problemas. Yo tenía la sensación de que cualquier cosa nueva que me ocurría era algo muy grave. Y lo contaba, y me escuchaban, y nos íbamos a tomar unas copas cerca del mar –soy un apasionado del mar–…; con esa excusa, me conocí todos los chiringuitos de la costa barcelonesa…

¿Así se solucionan las cosas?
No se solucionan, pero sí consigues objetivarlas un poco más. Muchas veces, el gran problema de personas afectadas con esta enfermedad es que se quedan trabadas por tonterías que en minutos se aclaran. El médico me lo dijo muy claro ya que yo quería conocer exactamente a qué atenerme. Soy enfermo, pero no tonto. Podría quedarme tetrapléjico, ciego, mudo y en cama. Pero que lo peor era que lo físico afectara a lo psíquico y entrara en depresión.

Por eso no te detuviste

Opus Dei -

Claro. Y por eso, cuando vi que si no hacía algo ya no podría valerme por mí mismo, mi hermano Borja y yo adaptamos mi casa de forma que pudiera controlarlo todo desde la silla, o desde la cama, o desde el ordenador. Así fue como lo que comenzó en esos poco más de 30 metros cuadrados, hoy es ya una empresa –única en España– que construye, adapta y soluciona la vida de miles de discapacitados con problemas similares, peores o iguales al mío. Y lo mejor es que yo puedo hablar a mis clientes de silla a silla…

Habrás visto mucho dolor
Una vez me llamó una señora pidiéndome una solución para su marido enfermo. Le dije que lo miraría. Pasado poco tiempo, la llamé, pero no estaba. Había ido al funeral de su marido…

Desde entonces me prometí no desperdiciar ni un segundo de mi vida para ayudar a quien se me acercara. A veces viene un cliente y te pregunta por unas máquinas y al final: “Y tú, ¿qué?”. “¿Qué de qué?”, les digo. “No, ¿que cómo lo llevas?”

¿Qué les dices? ¿Se puede amar el dolor?

“Recuerdo un cliente que me vino y me dijo que quería suicidarse… me puse en su situación y hablamos de muchas cosas y de lo bello que es vivir”

No. Por sí mismo no. El dolor no tiene ningún sentido: el sentido lo tienes que buscar tú. Yo les digo la verdad. Lo que siento y lo que veo. Les digo que estoy atravesando uno de los mejores momentos de mi vida porque sólo ahora he comenzado a intuir un poco el valor tan grande que se esconde detrás de esta enfermedad. Es un misterio el dolor, sí; no nacemos con un manual debajo del brazo en el que se explica: número uno, cómo se lleva; número dos, qué hacer cuando dura más de dos semanas… ¡Qué fácil sería si ya lo supiéramos! Quizá, como Dios nos ha hecho libres, nos deja a nosotros la oportunidad de descubrirlo… “¡Qué Padre más injusto!”, podrías pensar. Pero eso es lo fácil. ¿Por qué no echarte la culpa a ti mismo? En cuanto a inteligencia e intuición, no creo que le falte, a Dios. Quizá te falte a ti; entonces, pregúntate por qué no lo entiendes y te animo a que te acerques a Él a través de los Sacramentos…

Pero esto es una solución para los que creen…
¿Qué esperabas que te contara? ¿Que fueras a un grupo de mutua ayuda, donde unirse y quejarse en alto de lo duro que es la sociedad, de lo difícil de nuestra situación…? No. Sólo te puedo decir una cosa: no he estudiado ni por asomo teología, pero que yo sepa no se ha explicado teológicamente por qué se puede vivir con alegría dentro del dolor…; yo, en cambio, lo he conseguido. Y no es broma. En términos de salud, lo he perdido todo. Pero hay una cosa no he perdido jamás: lo que tengo dentro que me da una gran paz; una seguridad de saber que lo que he elegido –por lo que apostado– eso, funciona. Si repaso los años que tengo, no recuerdo nunca haber estado tan bien como ahora. Lo he probado cuando estaba sano y jugaba a fútbol. Cuando estaba con los amigos. Cuando estudiaba y estudiaba mucho… y me funcionaba. Lo sigo usando ahora que estoy enfermo… y justo hoy que me he caído en la calle y me he dado un golpe en la cabeza. Me podría haber hecho daño… pero yo sigo contento. Para mí, lo que estoy viviendo es como un milagro, una caricia de Dios. Puede sonar a risa, a ironía, a locura… no. Esto no lo hace un hombre. Un hombre no es capaz de tener una imaginación tal como para inventar algo tan complejo como todo lo que te estoy contado. No: eso sólo lo sabe y puede hacer Dios.

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¿No te ha entrado ningún momento de desesperación, una tentación de decir “basta”? ¡También somos de carne y hueso!
Sí, claro. Muchos. Momentos en que pensaba que Dios se estaba ensañando conmigo y que yo ya había tocado fondo… Recuerdo un cliente que, después de las preguntas “comerciales” pertinentes, me dijo que quería suicidarse. Yo le dije que también lo había pensado alguna vez y comencé a explicarle mi “plan”. Un “plan de suicidio” perfectamente trazado: voy al metro adaptado que tengo cerca de casa, pago, me acerco al andén, me preparo para accionar el joystick de la silla y… ¡Es muy fácil! Pero entonces, cuando ya lo tengo totalmente encantado, le doy la vuelta y reconduzco la conversación: ¿no te parece más bello luchar por la vida?

Hay gente que dice que la eutanasia es una solución
¿Quién lo dice? ¿Los enfermos, o los que tienen que aguantar a los enfermos? En cuanto a éstos, si realmente aman al enfermo, no pueden encerrarse sencillamente con su “solución”. Eso es injusto egoísmo. Tienen la obligación de formarse y ver que hay muchas opciones. No se puede zanjar un tema tan importante diciendo simplemente: “buena muerte”. Si has oído, aunque sea de lejos, que alguien da una solución, tienes que descubrir cuál es. Si quieres realmente al enfermo –si lo amas de veras–, tienes que buscar todo lo que puedas…

¿Y si es el mismo enfermo quien lo pide?
En ese caso me pongo más en su lugar. Hay que hablarle de tú a tú. Le diría: “No pienses que eres un trasto inútil, una sanguijuela… no. Todo lo contrario, tío… tienes la oportunidad de poder hacer ver el valor tan grande que esconde el dolor. Es una misión”. Como las COES. Es importante que la gente entienda que una persona con discapacidad no es una persona inservible.

Cuando llegue al Cielo, me pondré de rodillas –porque entonces sí podré– y le diría: “Dios mío, Lo has bordado”

Todo esto, ¿lo descubriste de la noche a la mañana?
¡No, no! Esto sería con el manual del que te hablaba… A los quince años ni siquiera se me pasarían por la cabeza estas respuestas. Son cosas que he ido madurando, y ahora veo más claras… pero desde entonces, ¡han pasado más de veinte años! El Joaquín Romero de ahora, no tiene nada que ver con el de ese momento. Si quieres es más radical… pero con un corazón que no le cabe dentro.

¿Qué le dirías a Dios cuando llegues al Cielo?
Le daría un “gracias” y un besazo. Gracias y un beso muy grande por la vida que me ha dado. Porque además, no hubiera deseado otra vida. Deseo lo que Él ha querido. Diría “chapeau”. Si tuviera un sombrero, me lo quitaría. Me pondría de rodillas –porque entonces sí podría– y le diría: “increíble. Lo has bordado”.

Su camino para ser feliz era ser numeraria

Comentario al vídeo Opus Dei: como descubrí mi vocación de numeraria

Estoy de acuerdo en que Dios nos quiere felices pero también nos ayuda a serlo y es por eso, que nos dice “éste es tu camino para ser feliz”. En el caso de esta chica su vocación (camino a la felicidad) era ser numeraria del Opus Dei. Dios no le obligó a serlo. La dejó elegir y ella con total libertad, decidió seguir su vocación porque, aún sintiendo ilusión de casarse, se dio cuenta de que su verdadero camino era ser numeraria y que de éste modo sería plenamente feliz. Gracias

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Hola Amigo/a: Efectivamente el mayor tesoro que nos regala Dios es la libertad.
Con el Espiritu Santo y el deseo recto de encontrar y amar la voluntad de Dios, uno acaba descubriendo su camino.
La vocación es un regalo divino, totalmente inmerecido, que misteriosamente Dios nos otorga. Quien la tiene, lo sabe:)
Un salu2
Luisa

El Opus Dei colabora con las iglesias locales

Hay una sección de esta página que lo explica: qué es el Opus Dei ?

 

También te copio información de la web oficial del Opus Dei, respondiendo a esta pregunta:

El Opus Dei es una institución de la Iglesia católica fundada por San Josemaría Escrivá de Balaguer.

Su misión consiste en difundir el mensaje de que el trabajo y las circunstancias ordinarias son ocasión de encuentro con Dios, de servicio a los demás y de mejora de la sociedad. El Opus Dei colabora con las iglesias locales, ofreciendo medios de formación cristiana (clases, retiros, atención sacerdotal), dirigidos a personas que desean renovar su vida espiritual y su apostolado.

“Aclarar dudas sobre el Opus Dei”

mil felicidades por tus páginas web, son una gran ayuda para todos aquellos que quieren aclarar sus dudas sobre el Opus Dei, yo soy también de la Obra y mi esposo también, mi hija mayor es numeraria y también es muy feliz. Adelante con todos tus proyectos y mil felicidades otra vez. Ana B. de Sánchez

Culiacán México

 

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